El jengibre (Zingiber officinale), conocido como Gan Jiang en la medicina tradicional china, es una de las plantas medicinales más antiguas y estudiadas del mundo. Utilizado durante más de tres mil años para tratar trastornos digestivos, este penetrante rizoma sigue fascinando a los investigadores que intentan validar científicamente sus propiedades antieméticas. Cientos de rigurosos ensayos clínicos han explorado su eficacia contra diversos tipos de náuseas, revelando resultados a veces espectaculares, a veces más matizados.
Compuestos activos responsables de los efectos antieméticos
La eficacia del jengibre se basa principalmente en dos familias de compuestos: gingeroles y shogaoles. Los gingeroles son el compuesto predominante en el jengibre fresco, representando de 7 a 14 miligramos por gramo en polvo seco, en comparación con solo 2 a 2,8 miligramos por gramo en el rizoma fresco. Los shogaoles, productos de degradación térmica de los gingeroles, aparecen durante el secado o la cocción y poseen una actividad farmacológica distintiva.
Un análisis de espectrometría de masas publicado en 2016 reveló que los tés de jengibre en polvo contienen solo 0,8 miligramos por gramo de compuestos relacionados con el gingerol, lo que explica por qué los productos de jengibre más concentrados (en polvo o cápsulas) suelen mostrar mayor eficacia que las infusiones más suaves. Esta considerable variación en la concentración entre preparaciones dificulta la comparación de estudios y subraya la importancia de la estandarización.
Estudios in vitro han demostrado que estos compuestos actúan como antagonistas de los receptores serotoninérgicos 5-HT3 y colinérgicos M, los mismos objetivos que los fármacos antieméticos convencionales como el ondansetrón. Los gingeroles también bloquean la captación de cationes por el canal del receptor 5-HT3 y reducen las contracciones del íleon aislado de cobaya, un modelo clásico para el estudio de la motilidad gastrointestinal.
Náuseas durante el embarazo: la aplicación mejor validada
Un metaanálisis de 2014 que combinó doce ensayos controlados aleatorizados y 1278 mujeres embarazadas estableció que el jengibre mejora significativamente las náuseas en comparación con el placebo. La diferencia media en las escalas de medición alcanzó 1,20 puntos con un intervalo de confianza de 0,56 a 1,84 y un valor p de 0,0002, lo que indica un efecto sólido y estadísticamente significativo.
En cuanto a los vómitos, los resultados son más heterogéneos. El mismo metanálisis muestra una tendencia a la mejora, con una diferencia media de 0,72 episodios de vómitos, pero esta diferencia no alcanza la significación estadística, con un intervalo de confianza de -0,03 a 1,46 y un valor p de 0,06. Por lo tanto, el jengibre parece ser más eficaz contra las náuseas que contra los propios vómitos.
Un hallazgo importante se refiere a la dosis óptima. Los análisis de subgrupos favorecen sistemáticamente dosis inferiores a 1500 miligramos al día para el alivio de las náuseas. Por encima de esta dosis, la eficacia no mejora necesariamente, lo que sugiere la existencia de un efecto meseta. La dosis recomendada habitualmente es de entre 1000 y 1500 miligramos de jengibre al día, dividida en varias dosis.
Cuatro ensayos compararon el jengibre con la vitamina B6, un tratamiento de primera línea recomendado por diversas autoridades médicas. Estos estudios, que incluyeron a 625 mujeres, no encontraron diferencias significativas en la eficacia entre ambas intervenciones, lo que posiciona al jengibre como una alternativa equivalente y natural al tratamiento convencional.
Náuseas y vómitos posquimioterapia
Una revisión sistemática de 2022 que incluyó 23 ensayos controlados aleatorizados evaluó el efecto del jengibre en las náuseas y los vómitos inducidos por la quimioterapia. A pesar del uso de antieméticos potentes, como los antagonistas 5-HT3, hasta el 70 % de los pacientes que reciben quimioterapia altamente emetógena continúan experimentando náuseas y vómitos.
Un estudio australiano de 2023 con 103 adultos sin tratamiento previo con quimioterapia administró cuatro cápsulas estandarizadas de jengibre al día (con un total de 84 miligramos de gingeroles y shogaoles activos) durante cinco días consecutivos a lo largo de tres ciclos de quimioterapia. Los resultados muestran una incidencia clínicamente significativamente menor de náuseas y vómitos tardíos en el grupo de jengibre en el ciclo 2 (53 % frente al 75 % para náuseas, 4 % frente al 27 % para vómitos) y en el ciclo 3 (49 % frente al 79 % y 2 % frente al 23 %, respectivamente).
Aún más impresionante, la incidencia de desnutrición fue significativamente menor en el grupo de jengibre en el ciclo 3 (18 % frente al 41 %), lo que demuestra que un mejor control de los síntomas se traduce en beneficios clínicos tangibles para el estado nutricional de los pacientes. No se reportaron eventos adversos graves.
Un amplio estudio multicéntrico estadounidense con 576 pacientes confirmó que el jengibre reduce significativamente las náuseas agudas inducidas por la quimioterapia al añadirse a la terapia antiemética estándar. Sin embargo, el efecto sigue siendo moderado y no es eficaz para todos los pacientes ni para todos los tipos de quimioterapia.
Náuseas y vómitos posoperatorios: Resultados contradictorios
Un metaanálisis húngaro de 2018, con diez ensayos aleatorizados y 918 pacientes, evaluó la eficacia del jengibre en las náuseas y los vómitos posoperatorios. Los resultados muestran que el jengibre reduce significativamente la gravedad de los síntomas, medida mediante una escala analógica visual, con una diferencia media estandarizada de -0,247 a favor del jengibre.
Sin embargo, el efecto sobre la incidencia de náuseas y vómitos y sobre la necesidad de medicación antiemética de rescate no alcanzó la significación estadística en comparación con placebo. Los autores sugieren que este decepcionante resultado podría explicarse por la infradosificación en la mayoría de los estudios analizados. La dosis de 1 gramo administrada antes de la cirugía, que se utiliza con frecuencia, parece insuficiente para producir un efecto clínico sólido.
Una revisión sistemática anterior del año 2000 concluyó que el jengibre mostró una eficacia equivalente a la metoclopramida en dos de tres estudios, pero que los datos agrupados no indicaron una diferencia significativa en comparación con el placebo. Esta inconsistencia entre los estudios individuales positivos y los metaanálisis decepcionantes probablemente refleja la heterogeneidad de los protocolos, las dosis y los tipos de cirugía.
Perfil de seguridad y precauciones de uso
Una revisión exhaustiva de 109 ensayos controlados aleatorios sobre el jengibre y la salud humana, publicada en 2020, concluyó que solo 43 estudios (39,4%) cumplían el criterio de «alta calidad de evidencia». Sin embargo, los efectos adversos reportados fueron, en general, leves y poco frecuentes: acidez estomacal leve, reflujo y diarrea ocasional.
El estudio de seguridad más grande durante el embarazo, un amplio estudio de cohorte noruego, no detectó un mayor riesgo de defectos congénitos, muerte fetal ni complicaciones obstétricas en mujeres que consumieron jengibre durante el primer trimestre. Sin embargo, algunos países nórdicos, como Finlandia y Dinamarca, han emitido advertencias sobre los suplementos de jengibre como medida de precaución, debido a preocupaciones teóricas sobre el desarrollo fetal. El jengibre tiene propiedades anticoagulantes reconocidas, que pueden potenciar los efectos de los medicamentos anticoagulantes o antiplaquetarios. Las pacientes que toman warfarina, aspirina o clopidogrel deben consultar a su médico antes de tomar cualquier suplemento. Asimismo, existe una posible interacción con ciertos fármacos metabolizados por el citocromo P450.
- Limitaciones metodológicas de la investigación actual
- A pesar de los cientos de estudios, la investigación sobre el jengibre adolece de varias debilidades recurrentes. El principal problema es la insuficiente estandarización de las preparaciones: polvo, extracto acuoso, extracto etanólico, jengibre fresco, jengibre seco, cápsulas, galletas de jengibre… Cada presentación contiene concentraciones variables de principios activos, lo que dificulta las comparaciones.
- Muy pocos estudios cuantifican con precisión el contenido de gingerol y shogaol en sus preparados. De los doce ensayos del metaanálisis sobre náuseas matutinas, ninguno reportó el análisis químico de los compuestos activos. De siete estudios sobre quimioterapia, solo dos lo hicieron. Esta deficiencia impide establecer recomendaciones precisas de dosificación basadas en los compuestos activos y no en el peso del jengibre.
- Las poblaciones estudiadas suelen ser pequeñas, los sistemas de evaluación no están estandarizados y el período de seguimiento es corto. Estas limitaciones, reconocidas por los propios investigadores, exigen ensayos a mayor escala con preparados estandarizados y protocolos rigurosos para profundizar en nuestro conocimiento de esta planta ancestral.
- Fuentes científicas citadas:
- https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4818021/
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/10793599/
- https://www.mdpi.com/2072-6643/14/23/4982
- https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2212267223015265
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31225678/